Considero que el uso de las rúbricas de evaluación comporta
grandes beneficios en el aula tanto a los profesores como a los alumnos. Por
una parte, ayuda al docente a reflexionar sobre aspectos concretos que van a
ser evaluados más allá de la mera distribución numérica del peso de las
preguntas. En efecto, hay que considerar una escala aplicable a un determinado
criterio y, a su vez, establecer los criterios que habrán de ser medidos, lo
que supone, a mi juicio, un cambio sustancial en el proceso de evaluación por
cuanto que implica un paso más allá que la mera consideración de un determinado
contenido. Por ejemplo, en el caso concreto de la rúbrica –eso sí, global- que
habrá de enjuiciar el producto final nos hemos esforzado por integrar elementos
propios del criterio(s) de evaluación programados así como la definición y cómputo
de aspectos técnicos que de forma subyacente se encuentran en determinados
criterios de evaluación y estándares de aprendizaje, que se programan a lo
largo de nuestra tarea integrada, pero que, gracias a la rúbrica, podemos hacer
explícitos y, consecuentemente, evaluables.
Por lo que respecta al modo y momento en que se presentaría la
rúbrica a los estudiantes, considero que debería hacerse desde los inicios de
la actividad. En primer lugar, habría que indicarles en qué consiste una
rúbrica y cómo será aplicada. En un primer momento, quizá fuera interesante,
insisto, presentar y familiarizar a los alumnos con el concepto de rúbrica y
hacerles saber que pueden diseñarse para evaluar diversos aspectos; en este
sentido, se podría considerar una fase de negociación de los aspectos que
pueden evaluarse, sobre todo teniendo en cuenta que en nuestra secuenciación
hemos establecido como estrategia de evaluación la rúbrica para determinados
momentos a lo largo de proceso de enseñanza. Una vez establecidos estos
primeros pasos, se podría ir presentando qué elementos serían de interés que se
contemplaran en el producto final, de modo que en el inicio de la fase que
hemos denominado de desarrollo ya
supieran los alumnos la rúbrica que se va aplicar para la evaluación de su
producto final.
Finalmente, en cuanto al uso que le aplicaría es evidente que
sería un referente importante de la evaluación del producto final, pero no
debería ser el único elemento sobre el que habría de sustentarse la evaluación.
Dicho con otras palabras, debería de aportar un porcentaje importante en la
valoración final –digamos un 55 %- pero no debería ser el elemento exclusivo
por cuanto que contemplamos, en la secuenciación de la tarea integrada,
incorporar otros elementos que tienen que ser evaluados también: productos en
actividades concretas, participación de los alumnos –escalas de observación- y
diferentes procedimientos de evaluación: autoevaluación, heteroevaluación,
evaluación entre iguales, etc.
Las rúbrica creada para la evaluación de la tarea contiene en la parte destacada de la izquierda la selección de estándares de aprendizaje que pretendemos evaluar en la tarea; también se han añadido otros elementos que deben tenerse en cuenta que van en la línea del posible impacto y configuración del producto final. Son los elementos destacados en granate.
Por lo demás, la rúbrica se muestra a lo largo de estas tres imágenes:



Hola Francesco, estoy totalmente de acuerdo contigo en esa idea de que uno de los mayores beneficios de emplear la rúbrica es para concretar los aspectos que vamos a evaluar, ya que, muchas veces, nuestros alumnos no saben qué queremos y, nosotros mimos, tenemos ideas muy abstractas en torno a esto. Un saludo.
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