viernes, 27 de octubre de 2017

Visual thinking de la evaluación

Tras unos momentos iniciales de cierta desorientación, -debo reconocer que no había utilizado antes estas herramientas ni trabajado la visualización de conceptos- tengo que admitir que la experiencia me ha resultado muy enriquecedora. La sensación final que me queda, después de trabajar con las imágenes, es que el procedimiento puede ayudarnos a simplificar determinados procesos y allanar algunos obstáculos entre los alumnos que puedan mostrar alguna reticencia a explicaciones un poco detalladas; por otra parte, puede ser útil la aplicación del Visual Thinking  entre los alumnos puesto que la interacción con imágenes es una fórmula bastante habitual de comunicación inter pares. Con todo, no creo estar descubriendo nada nuevo puesto que de todos es conocida la frase de: una imagen vale más que mil palabras. En resumen, me ha parecido muy interesante el uso y la aplicación de las imágenes; no obstante, también tengo que decir que en mi práctica habitual incorporo determinadas herramientas que permiten una presentación atractiva de los contenidos, por ejemplo, Padlet que es un corcho virtual que ofrece muchas posibilidades didácticas, incluida la presentación colaborativa de materiales. 
Centrándome en el aporte creado en Canvas he optado por distribuir los conceptos o imágenes de modo que fácilmente se puedan “leer” con un orden descendente y organizando las imágenes en tres columnas, aunque otorgando una preponderancia en el contenido informativo a la columna central. Por otra parte, he procurado llamar la atención sobre el carácter integrador que entiendo debe tener el proceso de evaluación; así, las imágenes invitan a establecer relaciones –guiadas por distintas flechas que facilitan la lectura- con elementos alojados a lo largo de toda la presentación. En definitiva, el artefacto creado permite una lectura en vertical, como digo, pero también es factible una lectura de las imágenes en círculo dando la idea del carácter cíclico y de interrelación de elementos que he intentado plasmar en la presentación. 
Finalmente, yendo un poco al detalle, podemos ver el carácter heterogéneo que comporta el proceso de evaluación donde se pueden observar los tradicionales contenidos –aunque desglosados en elementos que facilitan la construcción de los mismos: estrategias didácticas, conceptos y competencias clave- y también elementos que tienen que guardan relación con lo emocional –actitudes y valores- y las sensaciones –procedimientos de evaluación docente-. En definitiva, los diferentes tipos de evaluación – formativa, sumativa, inicial, procesual, final- sólo tienen plena vigencia en el proceso de evaluación si conducen inevitablemente a una revisión del proceso enseñanza-aprendizaje y propician la ulterior mejora.

miércoles, 25 de octubre de 2017

¿Qué es evaluar?

Puede parecer, a primera vista, una pregunta que incide en una obviedad, pero si nos detenemos mínimamente el análisis puede resultar fructífero. No cabe duda de que una primera respuesta sería medir o cuantificar unos resultados; en este sentido, nos estamos moviendo en la zona del análisis de unas respuestas por parte del alumnado en una determinada prueba. Sería, pues, el resultado natural de una evolución sencilla: hay una exposición de contenidos, una reflexión y estudio de los mismos y una prueba que arroja un resultado sobre el grado de consecución de unos conocimientos. No obstante lo dicho, en la enseñanza, o mejor, en el proceso de enseñanza-aprendizaje intervienen muchos más factores que los propiamente intelectuales, según se desprende de la reflexión del párrafo anterior, cuya consideración podrían aportar importantes datos que harían más rica y rentable la evaluación. Pensemos, por ejemplo, en la evolución experimentada por el alumno: ¿es importante tenerla en consideración? ¿Cómo se mide: cuantitativa o cualitativamente? ¿Es importante analizar los errores cometidos? ¿Qué puede aportar dicho análisis? ¿Es necesario tener presente las estrategias didácticas? ¿Cómo repercuten las mismas en la práctica docente? ¿Enseñamos a estudiar o simplemente es importante en nuestra materia el estudio? ¿Valoramos la posibilidad de introducir modificaciones en la programación de una determinada materia? ¿En función de qué se introducen estas modificaciones? Como puede observarse el término evaluación ofrece muchas caras que, en diversos momentos, resultan complementarias, complejas y actúan de forma simultánea en multitud de factores que van más allá de un nota numérica en un ejercicio puntual. Creo que dar una respuesta satisfactoria a estos y otros interrogantes nos obligará a reconsiderar la evaluación como un elemento más del aprendizaje, que es algo en continua reelaboración, y no una práctica terminal de un proceso cerrado. Este principio es el que me guía en mi práctica docente diaria durante muchos años…¡y ya van treinta! Siempre me ha interesado el aprendizaje y, sobre todo, la transmisión e incentivación de aprendizajes. Otro factor determinante en mi actividad es la incorporación de las tecnologías que, a mi juicio, han de suponer un elemento indispensable en el proceso de enseñanza-aprendizaje. Obsérvese que en las líneas anteriores he deliberadamente silenciado el complemento “de la comunicación” cuando me he referido a las tecnologías. En efecto, considero que las tecnologías o el uso e integración de la tecnología debe conducir a unas tecnologías del aprendizaje y del conocimiento: pasar de las TICs a las TACs. En este sentido, el papel del alumno habrá de ser reconsiderado otorgándole un predominio y consideración nuclear puesto que debe ser el organizador de su propio aprendizaje y la secuenciación del mismo: en otras palabras, constructivismo. Es evidente que la evaluación habrá de replantearse y repensarse en este panorama transformado que estamos dibujando. En los últimos años, me estoy dedicando a la enseñanza en la modalidad a distancia. Este tipo de enseñanza impone el uso de las tecnologías de la comunicación –sí, digo bien- pero lo deseable es que las herramientas de que se disponen sirvan para la adquisición de conocimientos y generar la autoformación. Soy consciente de que hay mucho camino por recorrer y hay muchos contratiempos que solventar, pero la tarea resulta apasionante. Con todo, el propósito que me ha llevado a este curso es bien sencillo: aprender.; en concreto, el planteamiento es simple: si los procesos de aprendizaje son diferentes, el papel que debe desempeñar el alumnos ha de ser necesariamente distinto, se impone, pues, reconsiderar los procesos de evaluación por cuanto que, entre los cambios que se operan en este nuevo ámbito de formación, se encuentran muchos matices que deber ser tenidos en cuenta como parte integrante de la formación y la evaluación debe ser uno de ellos. Puede parecer una formulación sencilla pero va más allá del uso de unas determinadas herramientas de evaluación o la configuración unos determinados ejercicios o tareas: supone la transformación de la programación didáctica. Estoy convencido de que el curso puede contribuir a cumplir estas expectativas.

Registro de observación para la tarea

Nuestro registro de observación está pensado para ser utilizado en la evaluación entre pares en determinados momentos del desarrollo de nu...